HOLA AMIGOS


Bienvenidos a mi blog. Este será un sitio dedicado a la raza que me apasiona, el cocker spaniel ingles, y en general a todos los perros, con raza o sin ella. Aquí iré colgando temas relacionados con ellos, con los cocker y todo aquello que me parezca interesante, sobre veterinaria, etología etc...

Encontrarás que algunos artículos sobre el cocker son un poco técnicos, pero la mayoría son para todos los públicos. ¡No te desanimes !



Agradecimiento:

Me gustaría agradecer a todas las personas que nos han ayudado, explicado y aguantado tantas y tantas cosas, y que han hecho que nuestra afición persista.

En especial a Pablo Termes, que nos abrió su casa de par en par y nos regaló jugosas tardes en su porche contando innumerables “batallitas de perros”. Suyas fueron nuestras dos primeras perras y suya es buena parte de culpa de nuestra afición. A Antonio Plaza y Alicia, también por su hospitalidad, su cercanía, y su inestimable ayuda cada vez que la hemos necesitado. También por dejarnos usar sus sementales, casi nada. Y a todos los criadores y propietarios que en algún momento, o en muchos, han respondido a nuestras dudas con amabilidad.

Y, por supuesto, a Rambo, Cibeles y Maripepa, a Chulapa y Chulapita, y a Trufa, como no, y a todos los perros con pedigrí o sin el, con raza o sin ella por ser tan geniales.

Muchas gracias


Te estaré muy agradecido si después me dejas tus impresiones en forma de comentario.

Espero que te guste y que vuelvas pronto.



PARA LA REALIZACIÓN DE ESTE BLOG NINGÚN ANIMAL HA SIDO MALTRATADO




jueves, 26 de octubre de 2017

OTOÑO: LA BERREA; POR CARLOS DE HITA


Al crepúsculo, hacia el oeste, el cielo se ilumina  al tiempo que el paisaje se apaga. Las encinas no son más que siluetas recortadas, las laderas de monte un telón negro. No se ve nada, pero desde esa oscuridad emergen los sonidos que dan la señal de partida al otoño. Comienza la berrea, el periodo de celo durante el que los ciervos dirimen sus asuntos a voces.


En los últimos días las tormentas han traído un poco de agua; la hierba, pulverizada tras el verano más caliente que se recuerda, empieza ahora a brotar. Las noches refrescan y el celo no puede esperar. Aunque con poca intensidad, los rotundos bramidos de los machos resuenan por las vaguadas, retumban contra las rocas, ruedan ladera abajo. No hay nada más contundente en el paisaje sonoro natural, salvo las tormentas.


Junto a ellos, los otros sonidos de la hora –el crepitar de los petirrojos, los reclamos asustados de los mirlos, el ululato de un cárabo, los ladridos de los zorros- pasan casi desapercibidos. Tan sólo la dulce y tenaz melopea de los últimos grillos, en el otro extremo de la escala sonora, destaca contra los estruendos de la berrea de los ciervos.






Publicado en Carlos de Hita 

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